Las pilas de combustible son sistemas
electroquímicos en los que la energía
de una reacción química se convierte
directamente en electricidad. Son dispositivos
que funcionan como una batería,
si bien no se agota ni se recarga mientras
el combustible y el oxidante le sean
suministrados desde fuera de la pila y
no ser parte integrante de la misma.
Su principio de funcionamiento es inverso
al de una electrólisis, en la que el
agua se separa en sus dos componentes,
hidrógeno y oxígeno, mientras que
en una pila de combustible se obtendría
una corriente eléctrica por medio de la
reacción entre estos dos gases. Mediante
un proceso de combustión fría, convierte
la energía química de un combustible,
generalmente hidrógeno
procedente del gas natural, y de un
oxidante, habitualmente oxígeno del
aire, en energía eléctrica de corriente
continua desprendiéndose agua.
La corriente continua proporcionada por
la pila debe ser transformada en corriente
alterna mediante el inversor, que
transforma la corriente continua producida
por la pila en corriente altena.
La idea original de las pilas de combustible
data de 1839, cuando un jurista
galés, Sir William Grove (1811 - 1896),
diseñó el primer dispositivo. Posteriormente,
otros inventores como Becquerel,
Mond o Langer fueron haciendo ciertas
modificaciones aunque el verdadero
desarrollo tecnológico de este dispositivo
tuvo lugar, gracias a Francis T. Bacon,
en 1952 cuando construyó una planta
de 5 kW basada en la tecnología de
hidrógeno/oxígeno que se había desarrollado
a partir de 1932.
Las pilas de combustible están constituidas
por un conjunto de celdas apiladas,
cada una de las cuales posee un ánodo
o electrodo negativo y un cátodo o electrodo
positivo, separados por un electrolito
que facilita la transferencia iónica entre
los electrodos. Cada una de las sustancias
que participan en la reacción es
alimentada por un electrodo distinto. Así,
el combustible, generalmente rico en
hidrógeno, es alimentado de forma continua
por el ánodo, y el oxidante, normalmente
el oxígeno del aire, al cátodo.
Cada cierto número de celdas unitarias
se insertan en un dispositivo que permite
extraer el calor generado por la reacción
electroquímica, manteniendo de esta
forma la temperatura dentro de los márgenes
óptimos para cada tipo de celda.
El calor extraído a través del circuito
interno de refrigeración es recogido mediante
una serie de intercambiadores
que lo entregan a un circuito externo,
produciéndose en el mismo agua caliente
o vapor, dependiendo de la temperatura
de funcionamiento de la pila. La
energía térmica así obtenida puede emplearse
como tal, o bien utilizarse en la
generación de una cantidad adicional
de energía eléctrica, aumentando así el
rendimiento del sistema.
Las pilas de combustible pueden clasificarse
atendiendo a muy diversos parámetros:
temperatura de trabajo, tipo de electrolito,
tipo de combustible y de oxidante,
etc. El parámetro que predomina es el del
electrolito, que a su vez condiciona la temperatura
de operación. De acuerdo con
este criterio, las pilas de combustible más
prometedoras se clasifican en:
Pilas de polímero sólido: necesitan
temperaturas de 80-100oC para
funcionar.
Pilas de ácido fosfórico: para
trabajar, la temperatura debe situarse
entre 160oC y 220oC.
Pilas de carbonato fundido: temperatura
en torno a 650-700oC.
Pilas de óxido sólido: sometidos a
altas temperaturas, de hasta 1000oC.
Ofrecen una serie de ventajas respecto
de los sistemas tradicionales de
producción de energía:
Ventajas:

Alta eficiencia energética.

Bajo nivel de contaminación medioambiental.

Carácter modular.

Flexibilidad de operación.

Admisión de diversos combustibles.

Bajo impacto estético.

Sencillez de instalación.
Desventajas:

Tecnología emergente.

Producción muy costosa.

Sensibilidad hacia los venenos catalíticos.

Alto coste de almacenamiento y suministro.

Alto peso de pilas de combustible.
Las pilas de combustible no han llegado
al punto de madurez para entrar ya en
el mercado. Las expectativas son enormes,
pero también lo son los retos pendientes.
Esta tecnología está mejorando
de forma vertiginosa y generando gran
expectación entre científicos y empresarios
por su bajo impacto medioambiental
y la revolución que supondría
para la economía global.